martes, 3 de julio de 2012

El Derecho al Voto


Fragmento del libro
Starship Troppers
Robert A. Heinlein
Capítulo 12


-Traiga un resumen a clase mañana, tres mil palabras. Señor Salomón, ¿puede darme un razón, no histórica ni teórica, sino práctica, de porque el derecho a voto hoy está limitado a los veteranos dados de baja?

- Ah, porque son hombres elegidos, señor. Más listos.
- ¡Caricaturesco!
-¿Cómo dice, señor?
-¿Acaso la palabra le resulta demasiado larga? Significa que es ridículo. Los hombres que están en el ejército no son más listos que los civiles. En muchos casos los civiles son mucho más inteligentes. Esa fue parte de la justificación que sustento el intento de golpe de estado justo antes del Tratado de Nueva Delhi, la llamada revolución de los científicos: que la élite inteligente gobierne y tendréis una utopía. Por supuesto fue un fracaso. Porque los intereses de la ciencia, además de sus beneficios sociales, no son una virtud social; los que la practican pueden ser hombres tan egocéntricos como para carecer de responsabilidad social. Le he dado una pista, señor. ¿Puede seguirla?

Sally respondió: 
-Eh, los hombres que están en el ejército son disciplinados, señor.

El mayor Reid fue delicado con él.
-Lo siento. Una teoría atractiva, aunque no respaldada por los hechos. A usted y a mí no se nos permite votar mientras estemos en el servicio, y no es verificable que la disciplina militar haga que un hombre sea disciplinado una vez que esta fuera. El índice de criminalidad entre los veteranos es muy parecido al de los civiles. Y ha olvidado que en época de paz la mayoría de los veteranos proceden de servicios auxiliares no combatientes y no se han visto sujetos a los rigores de la disciplina militar; simplemente los han hostigado, los han explotado y puesto en peligro… y aun así sus votos cuentan.

El mayor Reid Sonrió.
-Señor Salomón, le he formulado una pregunta con truco. La razón práctica para continuar con nuestro sistema es la misma que la razón práctica para continuar con cualquier cosa: funciona satisfactoriamente.

-No obstante, resulta instructivo analizar los detalles. A lo largo de la Historia los hombres han trabajado para situar la ciudadanía soberana en manos que la protegerían bien y la emplearían con sensatez, por el beneficio de todos. Un intento previo fue la monarquía absoluta, defendida fervientemente como el derecho divino de los reyes.

-En ocasiones se reintento elegir a un monarca sensato, en lugar de dejarle esa tarea a Dios, como cuando los suecos eligieron a un francés, al general Bernadotte, para que los gobernara. El inconveniente de esto es que las reservas de Bernadottes son limitadas.

-Los ejemplos históricos variaban de la monarquía absoluta a la completa anarquía; la humanidad ha probado miles de formas y se han propuesto muchas más, algunas extrañas en extremo como el comunismo propio de las hormigas instado por Platón bajo el engañoso título La Republica. Pero el intento de siempre ha sido moralizador: proporcionar un gobierno estable y benevolente.

-Todos los sistemas buscan lograr esto limitando el derecho a voto a aquellos que se creen que tienen la sabiduría de emplearlo justamente. Repito, todos los sistemas; incluso las llamadas democracias ilimitadas excluían el derecho a voto a no menos que un cuarto de su población por cuestiones de edad, clase social,  impuesto comunitario de capitación, antecedentes penales u otros.

El mayor Reid sonrió cínicamente.
-Nunca he podido entender como un imbécil de treinta años puede votar con más sensatez que un genio de quince…, pero esa era la época del derecho divino del hombre común. Bueno, pagaron por sus errores.

-El derecho soberano al voto ha sido conferido según toda clase de condiciones: lugar de nacimiento, familia de nacimiento, raza, sexo propiedades, educación, edad, religión, etcétera. Todos estos sistemas funcionaron,  aunque ninguno bien. Todos fueron considerados tiránicos, todos con el tiempo se vinieron abajo o fueron derrocados.

-Y ahora aquí estamos nosotros con otro sistema... y nuestro sistema funciona bastante bien. Muchos se quejan, pero ninguno se rebela; la libertad personal es mayor que en toda la historia, las leyes son menores y los impuestos son menores, el nivel de vida es tan alto como permite la productividad, el crimen está de capa caída. ¿Por qué? No porque nuestros votantes sean más inteligentes que otra gente, nos hemos librado de ese argumento. Señor Tammany, ¿puede decirnos por qué nuestro sistema funciona mejor que cualquiera empleado por nuestros antepasados?

No sé de dónde es el apellido de Clyde Tammany; diría que era hindú. Respondió:

-Eh, me aventuraría a suponer que es porque los electores son un grupo pequeño que sabe que las decisiones dependen de ellos y por eso estudian esos asuntos.

-Nada de suposiciones, por favor. Esto es una ciencia exacta y su suposición es errónea, además. Los nobles gobernantes de muchos otros sistemas formaban un pequeño grupo totalmente consciente de su enorme poder. Es más, nuestros ciudadanos con derecho a voto no son una pequeña fracción; saben o deberían saber que el porcentaje de ciudadanos entre los adultos oscila entre un ochenta por ciento en Iskander y menos de un tres por ciento en algunas naciones terranas, aunque el gobierno es prácticamente el mismo en todas partes. Tampoco son los votantes personas elegidas; no dotan a sus tareas soberanas de una sabiduría o un talento y un entrenamiento especial. Así que ¿Cuál es la diferencia entre nuestros votantes y aquellos que ejercían el derecho al voto en el pasado? Ya hemos tenido bastantes suposiciones; os diré lo obvio: bajo nuestro sistema, todo votante y titular de un cargo es un hombre que ha demostrado a través de un servicio voluntario y difícil que sitúa el bienestar del grupo por delante del beneficio personal. Y esa es la única diferencia en la práctica.

-Puede que carezca de sabiduría o de virtud cívica, pero su rendimiento medio es enormemente mejor que el de cualquier otra clase de gobernantes que haya habido en la Historia.

El mayor Reid se detuvo para tocar la esfera de un reloj anticuado y leer sus manecillas.

-El periodo de servicio casi ha terminado y aún tenemos que determinar la razón moral de nuestro existo al gobernarnos a nosotros mismos. Ahora bien, un éxito continuado no es nunca una cuestión de suerte. No olviden que esto es ciencia, no pensamientos ilusorios. El universo es lo que es, no lo que queremos que sea. Votar es ejercer autoridad… como la mía para hacer que vuestra vida sea pésima una vez al día. Es fuerza, si lo preferís. El derecho a voto es fuerza, fuerza bruta, el poder de las varas y el hacha. Tanto si es ejercida por diez hombres o por diez mil millones, la autoridad política es la fuerza.

-Pero este universo consta de dualidades. ¿Qué es lo opuesto de autoridad? Señor Rico.

Había elegido una que me sabía.
-Responsabilidad, señor.

-Un aplauso. Tanto por razones prácticas como por razones morales matemáticamente verificables, la autoridad y la responsabilidad deben ser iguales; de lo contrario tiene lugar un desequilibrio con la misma seguridad con la que la corriente fluye entre puntos de diferente potencia. Permitir una autoridad irresponsable es sembrar el desastre; detener a un hombre responsable de algo que no controla es comportarse con una absoluta idiotez. Las democracias ilimitadas era inestables porque sus ciudadanos no eran responsables del modo en que ejercían su autoridad soberana… excepto a través de la trágica lógica de la Historia. El impuesto comunitario de sufragio que debíamos pagar era desconocido. No se hizo ningún intento por determinar si un votante era socialmente responsable hasta el punto de su autoridad literalmente ilimitada. Si votaba lo imposible, sucedía el desastre posible… y entonces la responsabilidad recaía sobre él, lo quisiera o no y los destruía a él y a su templo sin fundamento.

-A primera vista, nuestro sistema es solo ligeramente distinto; tenemos una democracia ilimitada por la raza, el color, el credo, la clase social, la riqueza, el sexo, o la convicción, y cualquiera puede conseguir poder soberano mediante un generalmente corto y no demasiado arduo periodo de servicio: nada más que un suave ejercicio para nuestros ancestros cavernarios. Pero esa leve diferencia es la que existe entre un sistema que funciona y uno que es inherentemente inestable. Ya que el derecho a voto soberano es lo fundamental en autoridad humana, nos aseguramos de que todos los que lo ejercen acepten lo fundamental en responsabilidad social; requerimos que cada persona que desee ejercer control sobre el Estado se juegue su vida, y la pierda si es necesario, para garantizar la permanencia del Estado. La responsabilidad máxima que un humano puede aceptar es por lo tanto equiparada a la autoridad fundamental que un humano puede ejercer. El yin y el yang, perfecto e igual.

Todavía consideras que tienes derecho a opinar??????